¿Podrá un robot sustituir a los docentes? ¿Qué pasará con la Educación Física? (Una reflexión)

FOTO GR_def

Cuando la investigación está avanzando, tímidamente, en la comprensión de nuestro cerebro, la llamada neurociencia, que parece tener ahora cierta autoridad para hablar, está abriendo la puerta, consciente o inconscientemente, al desarrollo de otras líneas de investigación sobre «inteligencia» artificial, para tratar de emularnos a nosotros mismos. Es decir, tratamos de que las máquinas piensen como nosotros, pero aún no entendemos nuestro propio comportamiento. Parece una carrera paradójica y temeraria, cuyos límites no conocemos, pero que es imparable, puesto que el ser humano ha podido evolucionar siguiendo a su curiosidad y a ese instinto que le ha llevado a lanzarse al mar, a reconocer qué hay al otro lado de la montaña, o de entablar relaciones con aquella otra tribu nómada con la que se ha encontrado mientras perseguía a un grupo de uros.

Es en este tiempo, en el que la incorporación progresiva de la inteligencia artificial, la robótica y la automatización de los procesos informáticos, aparecen como amenazadores para desempeño de los diversos puestos de trabajo, cuando las personas se empiezan a plantear si ocupan o no, un puesto en riesgo desaparecer, si podrán adaptarse a los nuevos cambios, o si no les queda más remedio que salir por dónde entraron. Entonces, la premisa que parece emerger es «no hagas un trabajo que pueda hacer un robot el día de mañana», o «dedícate tú a hacer los robots» (¡hasta que ellos se hagan a sí mismos!).

Una de las profesiones que menos puede sufrir esta robotización, es la de docente, sobre todo en primaria (Frey y Osborne, 2017) Desde mi humilde, pero cargada de responsabilidad, posición de docente e investigador, he llegado a pensar que la profesión de maestro, de profesor, en cuanto a su necesaria interacción personal con los alumnos y por los numerosos factores que afectan al proceso de enseñanza-aprendizaje (cognitivos, afectivos, ejecutivos, interpersonales, vivenciales..) tendríamos cierta salvaguarda y protección, frente a esa otra emergente inteligencia artificial y la robótica, incapaz de establecer relaciones en sistemas complejos, frente a frente, con un grupo de clase y sin aquel sentimiento, autoconciencia, o espíritu trascendente que nos hace humanos.

Ahora, con decir «ok Google, cuéntame un chiste», el sistema te cuenta un chiste, pero el sistema no se ríe contigo ni sabe si tu risa es verdadera, es falsa, o te has sentido ofendido, al menos a fecha de hoy. Lo que el ser humano necesita desde el nacimiento y antes, es sentir el calor de los iguales, de su grupo, el apoyo, el amor, y crecer en la capacidad de querer también a los demás. Porque en nuestra filogenia está escrito que nuestra felicidad depende de sentirnos realizados bajo estas condiciones. Y es algo que dudo mucho llegue a conseguir un robot aunque su aspecto no sea ya humanoide, sino completamente humano, con un tejido que simula la piel humana, con todos sus músculos faciales expresivos y con su propio sistema calefactado y lumínico que haga incluso que enrojezca su piel cuando ciertos estímulos ocurran, y que el programador entendió que eran motivos de vergüenza o pudor. Un robot no será capaz de hacer algo por amor. El ser humano está hiperespecializado en la lectura de ese lenguaje corporal, expresivo, verbal, cuya máxima expresión es la mirada directa a los ojos. Otra cosa muy diferente es que nos autoengañemos y busquemos amor donde no lo encontraremos nunca, como aquellos japoneses que se aferran a una love doll, muñecas realistas de silicona y esqueleto metálico, en las que NO encontrarás justo aquello que su propio nombre vende: amor; pero sí te harán sentir como ellas: un vacío interior.

Así pues ante la soledad y un robot, me quedo con la soledad, que no es más que el yo frente al reto de conocerme a mí mismo y a los demás, hasta formar una familia, un grupo.

Volviendo a la educación, de momento la Educación Física se está librando de que pueda venir un robot a darnos una palmadita en la espalda: el sistema complejo de interacción dinámica «profesor – alumno en movimiento – clase – aprendizaje», está muy lejos de ser usurpada por la tecnología. Peor lo tenemos con el ámbito del entrenamiento deportivo y la prescripción del ejercicio físico, donde la gente ya va al gimnasio con un vídeo de youtube aprendido sin ningún criterio crítico. Realizar una «tabla» de entrenamiento, tomada de Internet, sin una formación al respecto, sería algo así como encontrarse a alguien por la calle que te ofrece una pastilla, y te la tomas con los ojos cerrados. Pongámonos en manos de profesionales, de licenciados y graduados en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (CAFYDE).

Si piensas que tu trabajo, como profesor, lo puede hacer un robot, algo está fallando en tus clases.

Referencias:

Frey, C. B., & Osborne, M. A. (2017). The future of employment: how susceptible are jobs to computerisation?. Technological forecasting and social change, 114, 254-280. https://www.oxfordmartin.ox.ac.uk/downloads/academic/The_Future_of_Employment.pdf

Publicado el 23 septiembre, 2018 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

Deja un comentario